Si hay una época para hablar de vino mexicano, es esta.
Entre agosto y septiembre buena parte de los viñedos del país entra en vendimia: el momento más esperado del año para cualquier bodega. Después de meses cuidando las vides, por fin llega la cosecha de la uva que dará vida a las próximas añadas.
Pocos podemos escaparnos de un fin de semana a otro a recorrer un viñedo. Pero hay una forma mucho más sencilla de hacer ese viaje: una copa.
Porque cuando pruebas un vino mexicano, también estás probando el lugar donde nació.
Un Cabernet cultivado cerca del Pacífico no sabe igual que uno del semidesierto de Coahuila. Un Chardonnay de Baja California no se expresa igual que uno de Querétaro. Cada región tiene su clima, su suelo y una personalidad que, poco a poco, termina apareciendo en la botella.
Quizá por eso una de las preguntas que más nos hacen es: ¿dónde se produce el vino mexicano?
La respuesta suele sorprender. Según el Consejo Mexicano Vitivinícola, hoy México cuenta con 17 estados productores de uva para vino, más de 600 proyectos vitivinícolas en desarrollo y ocho rutas enoturísticas consolidadas. Baja California sigue siendo la región más conocida, pero está lejos de ser la única.
Baja California: el corazón del vino mexicano
Cuando alguien piensa en vino mexicano, casi siempre piensa en el Valle de Guadalupe. Y con razón: Baja California concentra la mayor producción del país, y el valle se ha convertido en uno de los destinos gastronómicos más importantes de México.
El clima mediterráneo, la cercanía con el Pacífico y una gran diversidad de suelos permiten cultivar aquí variedades como Cabernet Sauvignon, Nebbiolo, Tempranillo, Grenache, Syrah, Chenin Blanc y Chardonnay, entre muchas otras.
Si vives en la Ciudad de México, es muy probable que buena parte de los vinos mexicanos que encuentras en restaurantes y wine bars hayan nacido aquí. No es casualidad: Baja California ha sido el motor de la industria durante las últimas décadas.

Coahuila: donde empezó buena parte de la historia
Mucho antes de que el Valle de Guadalupe fuera famoso, Coahuila ya escribía capítulos importantes del vino mexicano.
En Parras de la Fuente está Casa Madero, considerada la bodega en operación continua más antigua de América, fundada en 1597. El clima seco y la altitud dan vinos de gran estructura, sobre todo tintos.
Y visitar Parras es una experiencia distinta a la de Baja California: aquí el vino convive con oasis naturales, arquitectura colonial e historia.
Querétaro: las burbujas mexicanas
Si Baja California es tierra de tintos, Querétaro es tierra de espumosos. Su clima y su altitud favorecen ese estilo, aunque también da muy buenos blancos y tintos.
En 2025 hizo historia al convertirse en la primera región vitivinícola mexicana en obtener una Indicación Geográfica Protegida (IGP), un reconocimiento que protege y distingue el origen de sus vinos.
Para quienes viven en CDMX tiene otra ventaja: es, probablemente, la región más fácil de visitar en un fin de semana.
Guanajuato: una región que no deja de crecer
Hace unos años casi nadie mencionaba a Guanajuato al hablar de vino. Hoy es otra historia.
El estado ha visto multiplicarse sus viñedos, bodegas y festivales, y se ha vuelto una de las zonas más dinámicas del centro del país. Su cercanía con León, San Miguel de Allende y Querétaro también ha empujado el enoturismo.
Y todavía hay mucho por descubrir
A estas regiones se suman estados como Aguascalientes, Zacatecas, Chihuahua, San Luis Potosí, Sonora y Baja California Sur, que siguen desarrollando proyectos y enriqueciendo la diversidad del vino mexicano.
Ya no existe un solo estilo de vino mexicano. Cada región interpreta el clima, el suelo y las variedades a su manera, y eso vuelve mucho más interesante el simple hecho de descubrir una etiqueta nueva.

La vendimia: la temporada más emocionante del año
Si visitas una región vitivinícola entre agosto y septiembre, es muy posible que te toque la vendimia.
Es la cosecha de la uva, sí, pero también una celebración. Muchas bodegas organizan recorridos, catas especiales, cenas entre viñedos, conciertos y experiencias gastronómicas para compartir el momento con los visitantes.
Y no es solo una fiesta: es el arranque del proceso que, meses o incluso años después, terminará en el vino que llega a nuestra mesa.
Desde la Ciudad de México también puedes recorrer el país
No hace falta manejar miles de kilómetros para empezar a conocer las regiones vitivinícolas de México.
Cada vez más restaurantes, wine bars y tiendas especializadas de la ciudad ofrecen etiquetas de distintas zonas del país. Así que la próxima vez que elijas una botella, además de la uva, fíjate de dónde viene.
Puede ser el mejor punto de partida para recorrer México… una copa a la vez.





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¿Por qué el vino mexicano está viviendo su mejor momento?